adornos navideños
DOMINGO PRIMERO DE ADVIENTO, CICLO A .
27 de noviembre de 2016
Por D. Félix García de Eulate, Pbro.
ADVIENTO: “Estad alerta”


SIEMPRE ESPERANDO


Se abre un nuevo año litúrgico. Cada domingo iremos percibiendo diversas manifestaciones del amor de Dios. Cada domingo nos acercaremos más a Cristo. Comenzamos el tiempo de Adviento. Tenemos cuatro semanas para prepararnos a la venida del Señor. Vino ya una vez a nuestro mundo y  ahora nos preparamos para descubrir sus otras venidas. Viene en cada momento de nuestra historia. Pero sobre todo nos preparamos para su llegada definitiva y gloriosa. Esta es la convicción que hizo sentirse vivos a los primeros cristianos. Creían en Dios y tenían confianza en El porque sabían que más pronto o más tarde cumpliría sus promesas. La fe se alimenta de esperanza. La fe se sostiene porque espera que algo nuevo va a ir obrando Dios en la historia. Si no esperásemos nada nuevo, nuestro Dios estaría perdiendo credibilidad ya no merecería nuestra confianza. ¿Cuántas novedades nos traerá Dios en este año? Creemos y esperamos que muchas y buenas. Pero para descubrirlas necesitamos estar alerta, despiertos, en vigilancia.

ACTITUD DE VIGILANCIA

Nos toca vivir tiempos intensos de grandes cambios. Los acontecimientos se suceden vertiginosamente. Los vemos pasar por nuestra retina sin tiempo para observarlos. No nos dejan respiro para reflexionar  y situarlos en su marco adecuado. Muchos pasan sin dejar huella en nuestra vida. Es posible que nos haya cogido un profundo “sueño religioso” en el que todo es mortecino y mediocre. Es posible que estemos entregados a las “obras de noche” y no nos demos cuenta de las novedades positivas que Dios nos regala a cada paso. En este primer domingo de Adviento, Isaías, Pablo y Jesús nos invitan a la vigilancia. Nos hacen una llamada para que no vivamos despitados. Para que nos demos cuenta que somos responsables de la historia de este tiempo y podemos hacer que ahora se desarrolle la “civilización del amor”. El cristiano está alerta para descubrir cuándo pasa el Señor, dónde se manifiesta, qué señales lo anuncian. Quizás está llamando a nuestra puerta y no nos damos cuenta. Y espera a que le abramos y cenar con nosotros. ¿Quién se dió cuenta y se preparó para la llegada del diluvio? Noé y su familia. Porque estaban mirando al cielo. Estaban en comunicación con Dios por medio de la oración. Los demás estaban despreocupados, cegados en sus quehaceres inmediatos. El hombre que reza es el que más lejos y produnfo ve. El escucha y habla a Dios. Observa las cosas, las personas y la historia desde Dios. Y así camina proféticamente “a la luz del Señor”. Con la actitud de la vigilancia el cristiano se sacude constantemente el aturdimiento, la rutina, la pereza, el aburrimiento que produce el materialismo, el consumismo, el hedonismo.  

ESPERAR ACTIVAMENTE  LA UTOPIA


Una de las características más deprimentes de nuestro tiempo es el cansancio, la apatía, el desaliento. Parece que la humanidad, la Iglesia, cada persona ya ha ensayado todo lo habido y por haber para cambiar. Pero, dicen, las cosas siguen igual o peor. No se puede hacer nada. Contra esta actitud esparcida en todo el mundo como un veneno adormecedor es el adviento. Para remover de su quietud y desánimo a las personas creyentes y religiosas que están paralizadas es la profecía de Isaías: “de las espadas forjarán arados y de las lanzas podaderas”. Nunca podemos decir que hemos puesto todos los medios para hacer que cambie la tendencia hacia la increencia y el abandono de lo religioso. Nunca nos podemos dormir en los laureles y abandonar el compromiso de mejorar el mundo. Queremos esperar activamente la utopía, lo increible. Porque llegará un día en que dirán: “Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob. Hacia él confluirán los gentiles, caminarán pueblos numerosos”. Sí, así será.  Nuestro Dios lo hará.

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