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CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO, CICLO A .
18 de diciembre de 2016
Por D. Félix García de Eulate, Pbro.


EL SÍ DE MARÍA Y JOSÉ

La figura de María atraviesa de principio a fin todo el tiempo de Adviento. Diciembre es el mes más mariano de todo el año bajo el punto de vista bíblico, teológico y litúrgico. El culto a María se realiza en un equilibrio ideal con la siempre necesaria referencia a Cristo. Pero en este cuarto domingo, en los tres ciclos litúrgicos, María aparece en primer plano más expresamente.
Hoy el Evangelio trae un pasaje muy comprometido que expresa la zozobra de San José y la intranquilidad de María. Todo tiene un final feliz. Después de que María respondió al anuncio del Arcángel Gabriel: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí  según tu palabra” vinieron las complicaciones.

HACER LA VOLUNTAD DE DIOS TRAE COMPROMISOS


Desde que María pronunció el sí a Dios más esperado de todos los siglos, su vida entera entró en una disposición total al Espíritu Santo, para cumplir su vocación y misión. José percibía globalmente el misterio que les tocaba vivir: la concepción virginal de Jesucristo. El misterio de la Virgen Madre. Ante los planes impenetrables de Dios sólo cabía el acatamiento, el asombro, la adoración y el silencio. Las dudas de José eran turbadoras. La incertidumbre de María esperando su reacción inquietante. Pero José, que era bueno, aceptó lo que el ángel le dijo en sueños: que la criatura que había en el seno de María venía del Espíritu Santo. “Hizo lo que le había mandado el ángel del Señor  y se llevó a María a su casa”. El conflicto se había resuelto positivamente, aunque continuasen las habladurías de los vecinos.

NUESTRO SÍ A DIOS


También nosotros hemos sido llamados por Dios a “formar parte de su pueblo santo”. Lo acabamos de escuchar en la segunda lectura del Apóstol San Pablo a los Romanos. Todos tenemos una vocación. Dios nos pide un SÍ a sus planes sobre nosotros. Le decimos sí cuando asumimos de forma adulta y consciente nuestro bautismo. Afirmamos nuestro deseo de ser buenos cristianos siguiendo con fidelidad a Jesucristo.  Además decimos sí a otras llamadas o vocaciones que Dios nos hace. Muchos novios dicen sí ante el altar en el sacramento del matrimonio. Se comprometen a formar una comunidad de vida y amor fiel y para siempre. Otros son llamados a entregar sus vidas al Señor en el sacerdocio o en la vida religiosa. Algunos a permanecer solteros. Pero además a cada paso todo el mundo tiene llamadas a ser más bueno, más justo, más noble, más generoso en su vida personal, familiar y social. Cada vez que decimos sí a Dios nos enfrentamos a un compromiso. Dios nos complica la vida. Nos saca de nuestro egoísmo. A veces no vemos claro lo que tenemos que hacer. Surgen conflictos cuya resolución resulta positiva y feliz cuando respondemos como san José con la obediencia de la fe.

TODO POR OBRA DE ESPIRITU SANTO

Pero esta obediencia se da cuando dejamos que el Espíritu Santo venga sobre nosotros. El texto de San Mateo que hoy se ha proclamado quiere subrayar que todo lo que es María, el misterio que hay en ella y la respuesta de José, todo viene del Espíritu Santo. San José acepta su vocación y misión convencido por el Espíritu Santo. Cuando supo lo que Dios quería ya no tuvo miedo a creer. “Hizo, realizó su misión entrando en los planes salvadores de Dios. Cuando Dios llama la respuesta es la obediencia de la fe.
Adviento es abrirse al proyecto de Dios sobre nosotros. Es dejar abierta la puerta del corazón al Espíritu para “ser llamados por Cristo Jesús a ser su pueblo santo”.

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